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AVENTURAS Y DESVENTURAS DEL BOSQUE CHILENO

USO ACTUAL

CULTIVOS FORESTALES

NUESTRO SECTOR EN CIFRAS

LA INDUSTRIA FORESTAL

EFECTOS AMBIENTALES DERIVADOS DEL USO DEL RECURSO FORESTAL

Y AHORA UN CUENTO...

 

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AVENTURAS Y DESVENTURAS DEL BOSQUE CHILENO

Todos los seres vivos participan del sistema e intervienen en sus equilibrios y en sus discontinuidades. Pero el hombre, desde sus orígenes, se convirtió en un factor transformador de su entorno a niveles desconocidos hasta entonces. Desvalido físicamente para enfrentar la adversidad de la naturaleza, debió valerse de su inteligencia para defenderse de los rigores climáticos, la falta de alimento y la voracidad de otras especies o de sus propios congéneres. Con su espíritu gregario y su capacidad creciente de acumulación de conocimiento y experiencia, aprendió a imitar a la naturaleza, adquiriendo a veces la capacidad de trascender sus límites.

Si el mundo de hoy no es el mismo de antaño, ello se debe fundamentalmente a la acción del hombre. Pocos lugares en la tierra se mantienen en su estado natural, evolucionando al ritmo de ayer, pues la sola cercanía de la presencia humana ha desencadenado transformaciones del más diverso tipo. La escasez creciente de lugares naturales que no reflejen la huella de la civilización ha motivado a las sociedades a constituir desde el poder público zonas de preservación, reduciendo en ellas la intervención humana a su mínima expresión para intentar mantener la condición original de los recursos naturales de esas áreas silvestres.

Es indispensable, en sociedades modernas, preservar una porción del territorio para el encuentro con la vida natural y la protección de las condiciones de existencia de vegetales y animales fragilizados por la intervención humana. Pero la preservación de un territorio no libera la acción del hombre de sus obligaciones con el ecosistema en todas aquellas áreas orientadas fundamentalmente a producir beneficios sociales. De allí nace la distinción de conservación, que se refiere a la "gestión de utilización de la biósfera por el ser humano, de tal suerte que se produzca el mayor y sostenido beneficio para las generaciones actuales, pero asegurando su potencialidad para satisfacer las necesidades de las generaciones futuras".

Chile no es un país de tradición forestal. Los árboles han estado presentes en nuestra historia, es cierto. La patagua fue mudo testigo de decisiones de guerra y paz tomadas por los araucanos; el álamo circunscribió la actividad social de varias generaciones de chilenos, a través de las "alamedas" y el sauce participó de los primeros regocijos de la familia popular. Pero muy pocos han vivido del bosque en nuestro país.

En el siglo X, los pehuenches que habitaban a ambos lados de Los Andes en lo que hoy es la precordillera de la IX Región, vivían fundamentalmente de la caza del guanaco, entonces abundante. Se desplazaban entre las araucarias, acorralando con fuego a sus presas. La dura corteza y el ramaje en altura de la Araucaria araucana la hacían resistente al incendio; no ocurría lo mismo con el resto de la vegetación ni con aquellas que intentaban regenerar en esa adversidad.

 

 

 






Los Hombres de la Araucaria (pehuén, se llama a esta especie) cosechaban sus frutos y los almacenaban para subsistir en épocas invernales, cuando la nieve tornaba difícil la caza. El fuego y la ausencia de piñones impidieron entonces la expansión de la araucaria.

El mismo fuego sería utilizado más tarde como instrumento de guerra de los españoles. Ya había servido en las guerras entre moros y cristianos en la Península Ibérica. Refugio de los araucanos para defenderse de los ataques de su adversario o tenderles una emboscada, grandes extensiones de bosques fueros quemadas por los soldados para dejar al descubierto a su enemigo de entonces.

 

Definitivamente, el hombre en Chile se relacionó con el bosque fundamentalmente a través del fuego. El padre Felipe Gómez de Vidaurre escribe en 1748, que "el calor proviene de la malísima práctica que se tiene de incendiar los bosques con el fin de ahorrar fatigas en cortarlos para tener tierras nuevas". La quema de bosques fue el paso inevitable de la expansión agrícola hacia el sur de Chile. La superficie agrícola crece siempre a expensas de tierras forestales; este es un fenómeno universal y muy antiguo. Con la maduración de las sociedades se produce una estabilización de la expansión agrícola, lo que en Chile ocurre recién a fines de los años 20. Hay naciones en que ello todavía no sucede.

El área del Piedmont Andino y la cordillera de la Costa en las provincias de Bío-Bío y Malleco estuvo sometida a un desbosque masivo, originado por las necesidades de producir cereales y criar ganado para alimentar, primero a las tropas que durante La Colonia ocupaban la línea de fuertes al norte del río Bío-Bío, y luego durante La República, para abastecer al Ejército en el período de "Pacificación de La Frontera"; finalmente dio efímero auge a la exportación triguera de Chile a California. En tierras de la Araucanía, y sobre suelos forestales, se produjeron las más abundantes cosechas de trigo de que se tenga memoria, de hasta 55 quintales por hectárea.

La presión por más áreas de cultivo, que provocó la deforestación de faldeos y lomajes sin fertilización del suelo y muy poca rotación, produjo el mayor fenómeno erosivo el país, que sólo comienza a retroceder en la segunda mitad del siglo XX. Algunas compañías madereras explotaron bosques de roble y raulí para la construcción de la línea del ferrocarril del Norte.

Colonización y Deterioro

El hábito de aquella época es que se extrae la totalidad de las maderas más cotizadas de los árboles en mejores condiciones y se quema lo que quede; luego, el terreno se dedica durante unos pocos años a la siembra y al pastoreo, para terminar abandonándolos o empobreciendo, pues se trata en general de suelos de escaso valor agropecuario, que sólo rinden en la agricultura mientras permanecen en el suelo el humus y materias orgánicas fecundantes.

En la Región de Los Lagos, el proceso es similar. Vicente Pérez Rosales escribió de las hazañas del araucano Picho-Juan, legendario pirómano de bosques al servicio de algunos colonos. La histórica sequía de 1863 se recuerda por la quema de centenares de miles de hectáreas de bosque, entre otros el alerzal del ñadi, entre Puerto Varas y Puerto Montt, de casi 30 mil hectáreas.

 


La Región de Aysén fue colonizada por chilenos de las islas de Chiloé, que tenían sus actividades estacionales en las estancias argentinas. Ellos, junto a la Sociedad Ganadera de Puerto Aysén, estrechamente vinculada a la economía ganadera trasandina, promovieron la quema y el desbosque más masivo que haya conocido la historia nacional. Lo que querían eran campos limpios donde el ganado ovino no corriera peligro y hubiera espacios para el cultivo de papas. Varios millones de hectáreas ardieron sin ningún destino; sólo unos pocos aserraderos extrajeron algo de madera para el consumo local.

Lo mismo ocurrió en Chiloé y en las islas del archipiélago, donde a la expansión agrícola se sumó el uso permanente de leña, lo que en el caso de algunas comunidades chilotas hace hoy en día dramática la ausencia de madera. En la Patagonia, la selva de los faldeos orientales de la Cordillera andina y Patagónica también fue quemada: lengas y ñirres dejaron paso al avance de la ganadería.

El deterioro de los bosques del Sur asociado a la colonización es evidente, visto desde hoy, cuando ya se ha realizado el esfuerzo de más de una generación de hombres en la extensión de la soberanía y la civilización. El extenso y despoblado territorio nacional exigía ciudadanos que aceptarán el desafío de habitar regiones entonces inhóspitas. La legislación colonizadora de 1845 estimuló la venida de colonos alemanes a Valdivia y Llanquihue. Otra ley se promulgó en 1868 para incentivar la colonización interna de la Araucanía. La sobrevivencia en esas tierras exigía extender la frontera agrícola en el Sur. Por otro lado, la reducida dimensión de las propiedades entregadas a los colonos los obligaba a deforestar y destinar todas sus tierras al cultivo y a los animales. No había entonces otra manera de pensar al bosque, más que como obstáculo para la agricultura y la civilización en general. De allí la quema masiva, a veces incomprensible desde la mirada contemporánea.

El uso indiscriminado de madera para leña es también un problema de larga data en Chile. Ya a mediados del siglo pasado, al Ayuntamiento de Santiago, ante la escasez de árboles para la construcción y la calefacción, estableció una millonaria multa de 50 pesos oro por cada árbol que fuese cortado sin permiso. Rafael Larraín Moxó, Presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura y autor del reglamento de la primera Ley de Bosques de julio de 1872, denunciaba la destrucción de los bosques del Norte para la minería. Un día supo con asombro que "ya no le quedaban más que restos escasos de aquel tesoro inmenso".

 


Claudio Gay lo indicaba ya en 1833: la llareta para elaborar azufre, la queñoa y los molles como combustible, los tamarugos, tares, algarrobos, chañares, pimientos y algarrobillos se consumían en las calderas de la minería. Hasta hoy, la leña es la causa principal del agotamiento de los bosques, consumiendo muchísimo más que todo lo que se destina a usos forestales.

 

La erosión es un problema antiguo; el propio Alonso de Ercilla alude a ella en La Araucana. Sin embargo, es la deforestación masiva que va desde mediados del siglo XIX hasta mediados del XX, lo que la convierte en un serio problema nacional.

Federico Albert, naturalista alemán contratado por Balmaceda, fue pionero en el combate contra las dunas. Enfrentó el dramático hundimiento del pueblo de Chanco en la arena, repitiendo la misma acción más tarde en Cartagena, Llico y Magallanes, donde fue solicitado. Sobre la base del sistema desarrollado por Albert se trabaja hasta hoy en la detención del avance de las dunas y la recuperación de tierras erosionadas. Después de su fijación y consolidación con hierbas resistentes a la sequía y al viento, y de enriquecer el suelo y protegerlo del viento con arbustos, el paso definitivo es la reforestación; el pino insigne, junto al eucalipto, pino oregón y otras especies introducidas, ha jugado aquí un papel fundamental.

 

 

Regulación y Legislación

Desde muy temprano hubo voces que llamaron la atención sobre la destrucción masiva de bosques por la acción del fuego y la expansión sin control de la agricultura y la ganadería. La primera ley de protección de bosques data de 1872, cuyo artículo tercero autorizaba al Presidente de la República a prohibir "el corte de los árboles en los cerros hasta la altura que evita la destrucción del terreno vegetal".

Las ideas y sugerencia de Federico Albert, cuando no su propia mano, están presentes en todas las decisiones institucionales y legislativas de la época. Creó a fines del siglo XIX una instancia pionera de "Ensayos Ecológicos y Botánicos" en el Ministerio de Industrias y más tarde, en 1906, participó de la fundación de la "Inspección General de Aguas, Bosques, Pesca y Caza". Escribió y difundió sus conocimientos sobre la protección y el uso de los bosques en Chile. Pocos recuerdan hoy, en la capital de nuestro país, su iniciativa de plantar miles de árboles en la ladera de los cerros de Conchalí en lo que se llamó entonces Bosque de Santiago, parte de su plan de rodear la ciudad de un cinturón verde.

En 1879, por primera vez un decreto establecía "reservas de bosques fiscales", pensando en guardar para el Estado una porción importante de los bosques del país con fines de explotación futura. Esta disposición no fue operante hasta 1907, fecha a partir de la cual se definieron las primeras "reservas forestales", la de Malleco y Llanquihue, entre otras. En 1925 se hizo efectiva la ley que permitía la creación de Parques Nacionales, esta vez con el claro y explícito propósito de preservar áreas silvestres fuera de toda intervención humana. Bajo la firma de Arturo Alessandri fueron creados en 1925 y 1926, respectivamente, el Parque Nacional Benjamín Vicuña Mackenna (hoy P.N. Huerquehue) y el Vicente Pérez Rosales. Durante las décadas que siguen se incorporaran nuevas tierras como reservas, parques o monumentos naturales, hasta llegar a las catorce millones de hectáreas que constituyen hoy lo que desde 1984 se denomina Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas, bajo el control y la administración de la Corporación Nacional Forestal y de Protección de Recursos Naturales Renovables. También algunas especies forestales, que la evaluación del Estado determinó corrían peligro de extinción, fueron declaradas monumentos naturales y prohibida su corta en cualquier lugar donde se encuentren; es el caso del Alerce (Fitzroya cupressoides) en 1976, y la Araucaria (Araucaria araucana) en 1990.

La Ley de Bosques de 1931 reúne todas las disposiciones legislativas hasta entonces dispersas, e incorpora una decisión cuyas consecuencias serán determinantes para el desarrollo forestal: eximir a los propietarios de tierras aptas para plantar árboles de todo impuesto por un período de treinta años.

Las instancias forestales del Estado son diversas y sus denominaciones e importancias relativas varían; desde el Departamento de Bosques del Ministerio de Tierras y Colonización, luego dirección de Bosques, y en 1957 Departamento Forestal, dependiente de la Dirección de Agricultura y Pesca del Ministerio del ramo; en este caso se establecían ya claramente sus funciones: la tuición y administración del Patrimonio Forestal del Estado y la vigilancia del cumplimiento de la Ley de Bosques y de sus reglamentos. Las mismas que hoy tiene la Corporación Nacional Forestal, institución creada en 1969 y vigente hasta hoy.

 

 



Carabineros de Chile también participó del esfuerzo de protección de los bosques, particularmente de los incendios y la corta ilegal, creando la Brigada Forestal en 1945, que hasta hoy realiza sus labores en los pueblos del Sur de Chile.

En 1965, impulsado por el Ministerio de Agricultura y la CORFO, con la cooperación del Fondo Especial de Naciones Unidas y de la Corporación Nacional de los Madereros, se creó el Instituto para el Desarrollo de los Recursos e Industrias Forestales, INFOR, luego simplemente Instituto Forestal. Sus objetivos iniciales eran la determinación de los recursos forestales y sus perspectivas, los estudios de mercado y de comercialización, la investigación aplicada, tanto forestal como industrial, y el perfeccionamiento de la legislación forestal. En casi todos estos ámbitos, INFOR cumplió desde su creación un destacado papel en la promoción del desarrollo del sector forestal.

Varias misiones de expertos extranjeros fueron solicitadas para venir a Chile a colaborar en la evaluación de nuestros recursos forestales y el diseño de estrategias adecuadas de desarrollo en ese campo. Aunque la mayor parte de sus recomendaciones no fueron seguidas en su momento, el aporte que hicieron es de todos modos de mucha significación. La misión norteamericana encabezada por Haig en 1945 realizó una evaluación bastante precisa de los recursos madereros que poseíamos entonces; en 1951, la misión FAO estudió los problemas de protección de bosques y suelos, así como la deficiente organización de la producción y la utilización de la madera y otros productos del bosque. Además de entregar sus recomendaciones, apoyó concretamente la creación de la primera Escuela de Ingenieros Forestales, pues evaluó como indispensable la formación de profesionales que tuvieran la formación científica y técnica para impulsar la modernización de la industria forestal, así como para asegurar la protección de los bosques nacionales.

Otra misión, alemana esta vez, llegó en 1956 para hacer un análisis de la situación forestal chilena. Recomendó la organización de un Cuerpo de Guardabosques, cuya primera tarea sería la prevención y combate de incendios forestales. Para ello, en 1958, apoyó directamente la organización de la Escuela de Guardabosques, con la colaboración de la corporación de empresas forestadoras y la Universidad de Concepción.

En 1960, gracias a un proyecto de la Organización de Estados americanos (OEA) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), se lleva a cabo un estudio nacional de clasificación de los suelos de acuerdo a su capacidad agrológica, dividiéndolos en ocho categorías y determinando así con claridad cuáles y cuántas son las tierras de vocación forestal en Chile, alcanzando a 34 millones de hectáreas, lo que equivale aproximadamente al 44% de la superficie total del país. Esto fue determinante para la toma de decisiones pública y privada en lo que se refiere a la planificación del uso y destino de las tierras.

La promulgación del DL 701 de Fomento Forestal y la liberación de las restricciones a las exportaciones forestales, ambas iniciativas de mediados de los 70, permitieron una acelerada expansión de diversas iniciativas de forestación a lo largo del país. Estas iniciativas triplicaron en menos de diez años la superficie forestada, pasando de 300 mil hectáreas en 1974 a 1.200.000 diez años después.

Decreto Ley 701

El Decreto Ley 701, promulgado en 1974, entrega normas que regulan el uso sostenido del recurso forestal y fomentan la creación de bosques, incorporando terrenos a la actividad del sector. Establece, asimismo, la exigencia de presentación de planes de manejo para cualquier acción de corta o explotación de bosques.

 



Por otra parte, otorga incentivos a la actividad forestal, a través de exenciones tributarias y bonificación directa de las actividades de forestación, manejo, estabilización de dunas y administración en terrenos calificados de aptitud preferentemente forestal.

 

Cambios macroeconómicos y liberación de exportaciones

Un hecho clave en el éxito del sector forestal exportador chileno, fue la liberación en 1975 de las restricciones a la exportación forestal, poniendo fin a la prohibición de salida de las materias primas.

 

 

 

Comienza con ello, una masiva exportación de diversos productos del bosque, convirtiéndose nuestro país en un proveedor seguro y confiable para los múltiples mercados internacionales que se han ido sumando hasta hoy.

 

Apertura de mercados en el mundo

A partir de los años 30 comienza a desarrollarse la industria del aserrío, casi exclusivamente con especies nativas hasta fines de los 50, y luego predominantemente con Pino insigne. Desde los años 40, y con más fuerza en la década que sigue, se constituyen en la VIII y IX regiones muchas empresas forestadoras, cuya principal actividad es el desarrollo de las plantaciones. Por su parte, la actividad industrial a partir de la madera continúa desarrollándose, tanto en lo que se refiere a la elaboración de muebles, chapas, láminas, molduras, etc., como en la elaboración de pulpa y papel.

 

 

 

En septiembre de 1957 partió desde Talcahuano, y con destino a Bolivia, la primera exportación de papel chileno.

En los últimos 25 años la industria forestal ha experimentado una creciente apertura a los mercados internacionales. Los empresarios del rubro han asumido el riesgo de salir al mundo a abrir nuevos mercados y han tenido éxito. Medidas de política económica y de fomento a la actividad forestal, permitieron una verdadera revolución exportadora que se inició a mediados de los 70 y que todavía está en curso.

 

USO ACTUAL

La superficie continental de Chile es de 75,7 millones de hectáreas, de las cuales la mitad tiene aptitud forestal. El resto son desiertos, glaciares y otras áreas donde los bosques no pueden crecer. Aún así, quedan vastas extensiones de territorio donde pueden desarrollarse vigorosos bosques naturales o plantaciones forestales.

 
Uso actual del suelo Superficie (ha) %

Áreas urbanas e industriales
181.420 0,2

Terrenos agrícolas
3.805.784 5,0

Praderas y matorrales
20.506.615 27,2

Bosques
15.647.894 20,8

Humedales
4.496.071 6,0

Áreas desnudas
24.529.190 32,5

Nieves y Glaciares
4.641.730 6,2

Cuerpos de agua
1.211.579 1,6

Areas no reconocidas
388.753 0,5

Total
75.409.035 100

 

Superficie de bosques

Aunque casi la mitad de la superficie del país tiene aptitud forestal, la mayor parte es considerada área de protección no apta para el madereo. Las áreas de protección se reconocen por la fragilidad de sus suelos, las altas pendientes o su cercanía a quebradas o cursos de agua.

Chile posee un total de cerca de 16 millones de hectáreas de bosques, de las cuales un 13,5% (2.2 millones ha.) corresponde a cultivos forestales destinados a la producción maderera. Ellas se concentran principalmente en las regiones VII y VIII, las que suman casi un millón de hectáreas. El resto son bosques nativos en distintos niveles de desarrollo.

 

 
SUPERFICIE NACIONAL DE BOSQUES
Bosque por estructura Superficie Bosques Nacional
Bosque nativo 13.443.316 85,9 17,8
Bosque adulto 5.978.200 38,2 7,9
Renovales 3.582.200 22,9 4,8
Bosque adulto renoval 865.408 5,5 1,1
Bosque achaparrado 3.017.262 19,3 4,0
Plantaciones 2.118.836 13,5 2,8
Bosque mixto 85.742 0,5 0,1
Total 15.647.894 100 20,8

CULTIVOS FORESTALES

Hoy, Chile cuenta con un patrimonio de 2,1 millones de hectáreas de plantaciones forestales, principalmente Pino insigne (o radiata) y eucaliptos, pero también existe Atriplex forrajero (arbusto), Tamarugo, Alamo, Pino oregón, Raulí y otras especies.

Los cultivos forestales, en el ámbito productivo, figuran como uno de los mejores ejemplos de desarrollo sustentable, dado su carácter renovable y la optimización del uso de la tierra que representan en relación a cultivos anuales. En Chile, representan poco más del 13% del patrimonio de bosques y, sin embargo, sustentan en un 85% la economía forestal chilena.

Se debe señalar que las plantaciones abarcan alrededor del 4% del territorio nacional. Aunque no parezca mucho, es un área considerable si descontamos las áreas silvestres protegidas, áreas urbanas e industriales, humedales, cuerpos de agua, terrenos agrícolas y áreas no reconocidas, cuyas áreas no son susceptibles de ser plantadas. En conjunto estas áreas abarcan alrededor del 29% del territorio nacional.

La ley obliga en Chile a reforestar todo lo que se corta en el plazo de dos años. La tasa de plantación de los últimos años supera ampliamente a la de cosecha, de modo que por cada árbol cortado se plantan tres. De allí que se ha verificado una extensión sostenida del patrimonio de bosques hechos por el hombre (plantaciones); si a mediados de los setenta había 350 mil hectáreas, esta cifra se ha multiplicado por seis en los últimos veinticinco años.

A pesar que alguna gente ha cortado el bosque nativo para reemplazarlo por plantaciones, la mayoría de los cultivos forestales se han establecido (en un 90%) sobre tierras que no tenían cobertura vegetal. La oferta de madera que han generado ha servido para sustituir al bosque nativo en la demanda creciente de la población, contribuyendo indirectamente a proteger este recurso de la corta excesiva.

Las plantaciones forestales, bien manejadas y evitando la tala rasa, pueden contribuir a la solución de dos de los principales problemas ecológicos del país: el efecto invernadero y la erosión.

 

 

 

 

NUESTRO SECTOR EN CIFRAS

Exportaciones forestales según producto

 

 

 

 

 

Exportaciones forestales según País de destino

 

 



LA INDUSTRIA FORESTAL

Esta se divide en dos grandes agrupaciones: la Manufactura Forestal Primaria y la Manufactura Forestal Secundaria.

 

 

 

Ocupación forestal

 

Manufactura Forestal Primaria

Se entiende como tal aquella que se abastece de trozas y otros productos del bosque.

En 1998 generó 21,3 millones de m3, de los cuales 7,6 millones (35,7%) se utilizaron en el mercado interno y 6,1 millones (28,6%) corresponden a envíos al exterior.

Los principales rubros que comprende son:

  • Industria de Pulpa y Papel: Es la principal actividad sectorial en cuanto a producción y exportación, tanto de fibra corta (eucalipto) como de fibra larga (pino radiata), debido a la creciente demanda que existe de este producto en los mercados internacionales.

  • Industria del Aserrío: En la VIII Región se concentra la producción de madera aserrada de pino radiata y en cuanto a especies nativas, la X Región es la principal productora.

  • Industria de Astillas: Las plantas de astillado se concentran principalmente en la VIII Región. Obteniéndose astillas de pino radiata, eucalipto y especies nativas.

  • Industria de Tableros y Chapas: Las empresas que conforman esta industria se encuentran ubicadas geográficamente entre la VIII y X regiones. Los principales productos son tableros hardboard, tableros tipo MDF (Medium Density Fiberboard), tableros de partículas, tableros de contrachapado, chapas y tulipas.

 

 

Manufactura Forestal Secundaria

Esta industria recibe la producción de la manufactura forestal primaria, orientándose a incorporar mayor valor agregado a la madera aserrada.

Los principales rubros que la componen son:

  • Empresas dedicadas al dimensionado y elaboración de madera (barracas),

  • Fábricas de partes y piezas de muebles. Este rubro elaborador ha cobrado gran importancia en los últimos años, enviando importantes volúmenes al mercado norteamericano y europeo.

  • Fábricas de juguetes y otras piezas menores. Esta actividad ha tenido gran impulso, motivado por el auge en el mundo de volver a lo natural.

  • Fábricas de marcos, puertas y ventanas.

  • Fábricas de embalajes. Esta industria ha experimentado un sostenido crecimiento en la última década. Se utiliza madera aserrada y en trozas para debobinado para la fabricación de cajones, utilizados principalmente en las exportaciones hortofrutícolas.

  • Fábricas de parquets.

  • Y un sinnúmero de otras empresas, generalmente pequeñas.

 

EFECTOS AMBIENTALES DERIVADOS DEL USO DEL RECURSO FORESTAL

Los bosques son uno de los recursos naturales con mayor incidencia sobre el medio ambiente, debido a la enorme extensión del territorio que cubre, a sus largos ciclos de vida y a sus múltiples funciones vinculadas a la conservación de las aguas, suelos, climas locales y fauna silvestre. Además, los bosques proveen a la sociedad una serie de bienes y servicios indispensables para su desarrollo, que cubren múltiples necesidades, como vivienda, empleo, energía y recreación, formando parte del patrimonio cultural de la población de las regiones y del país entero. Lo anterior nos conduce a que existan problemas ambientales por el uso de dicho recurso.

La degradación de los bosques naturales del país se puede asociar a siete grandes procesos. Tres de ellos son de carácter histórico:

  • Los incendios o quemas, con el fin de habilitar o limpiar suelos para la agricultura cereales y la ganadería.

  • El floreo o corta selectiva de los mejores individuos y especies del bosque (alerce, ciprés, raulí, araucaria y recientemente tepa).

  • El uso del bosque como veranada o invernada para el ganado, que se alimenta de los brotes y hojas de la regeneración.

Los cuatro procesos restantes son más recientes:

  • Sobreexplotación del bosque derivada del mal manejo con fines de producción de leña y más recientemente de astillas o chips.

 

 

 

 

  • Erosión de suelos forestales asociados a la eliminación de residuos de explotación mediante quemas de desechos.

  • Erosión y compactación del suelo derivado de construcción de caminos forestales y extracción de madera desde el bosque.

  • Alteraciones ambientales originadas en la composición y estructura de las plantaciones forestales.

    Para mayor información sobre estos procesos

http://lauca.usach.cl/ima/bosque.htm

Y AHORA UN CUENTO…..

HISTORIA DE LA INTRODUCCIÓN DEL PINO

Hace mucho, pero mucho tiempo, en 1885, o sea hace más de un siglo, Don Arturo vivía en Concepción. Su familia era conocida en el lugar, porque en el parque jardín de su casa, él hacía pruebas, experimentos y ensayos con árboles.

Después de investigar, Don Arturo consiguió traer gran cantidad de semillas de distintos países del mundo. Sembradas las semillas, comenzaron a aparecer las plantas. Para sorpresa de todos, entre ellas estaban nuestros antepasados, que crecían muchísimo más rápido que el resto. No nos conocían. Habíamos llegado desde California por equivocación, confundidos entre las semillas de otros pinos muy valiosos. En Estados Unidos nos demorábamos mucho en crecer y nos consideraban de muy poco valor. Finalmente, Don Arturo descubrió que nos llamábamos "pino insigne".

Y pasamos al olvido… Nadie pensó que podíamos ser útiles.

Como veinte años después, en 1906, un ingeniero forestal alemán fue contratado en Lota para ocuparse de buscar maderas para postes, que hicieran más firmes los túneles subterráneos de las minas de carbón.

 


El ingeniero pensó que la solución estaba en "los pinos insignes olvidados". Plantaron un gran bosque con nosotros, el más grande de ese tiempo en toda Sudamérica.

Pero fuimos un fracaso. Nos quebrábamos como palos de fósforos, no resistíamos la presión de las enormes rocas utilizadas en los túneles subterráneos.

Nuevamente fuimos olvidados. Hasta que, cuarenta años después, también en Lota, se instaló un pequeño aserradero para estudiar la posibilidad de usarnos para hacer cajones y para ocuparnos en la construcción de casas. Desde ese momento, el uso de nuestra madera empezó a ser considerada de gran valor en la fabricación de papel, cajones, muebles y casa para que viva la gente. Y así… se construyeron viveros donde se nos preparaba para después plantarnos en las tierras de Bío Bío, Arauco, Malleco y Cautín, que en ese tiempo tenían mucha erosión.

Gracias a nuestra larga historia, Chile se convirtió en el país que tiene más plantaciones de pino insigne en todo el mundo. Producimos papel, madera y muebles para los chilenos y para los habitantes de otros países. Además hacemos bonito nuestro país, limpiamos el aire y muchos niños vienen a jugar con nosotros.


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